martes, 5 de julio de 2016

Mi nombre es Susana y voy a contaros lo que me pasó con mi cuñado. Acababa de cumplir treinta años, por lo que decidimos mi pareja y yo mudarnos a un ático en el centro. Para compartir gastos, su hermano pequeño también se venía a vivir con nosotros. La verdad es que no lo conocía y bueno, me daba un poco de reparo la idea. Pero decidí que tenía que abrir la mente, ya que en definitiva, ese chico podría ser mi cuñado con el tiempo. Era una buena manera de empezar el año.
La primera vez que le vi, me quedé gratamente sorprendida, el chico tenías 25 años y era muy pero que muy mono, tenía un cuerpo espectacular, además de una voz muy sugerente. Sentí un enorme cosquilleo cuando me lo presentó mi pareja.Recuerdo que llevaba unos vaqueros bien ajustados que le hacían un espectacular trasero, y su camisa ajustada le resaltaba sus pectorales, se notaba que era un tío que trabajaba su cuerpo en el gimnasio.
Poco a poco fuimos ganando confianza entre ambos y muchas veces le observaba como buscaba en páginas de contactos por internet, y yo pensaba que un chico así no necesitaba navegar por la web para encontrar alguien sugerente.
                                    
Un día estábamos los dos solos, así que decidí que era momento de provocarle un poquito. No pensaba en liarme con él, pero pensé que me encantaría que se quedara rendido a mis pies. Me puse muy sugerente con un short, unos botines con poco tacón que ayudaran a realzar mi figura, y un top ajustado. Rápidamente note como ese look llamó la atención de mi cuñado.
Me fui al salón donde él estaba viendo la tele, me puse junto con a él y me agaché para coger un objeto que había en el suelo. Se podría decir que le puse mis nalgas delante de su cara. Cuando me levanté, le miré y le dirigí una sonrisa. Era una manera de darle luz verde para que jugara conmigo, si bien esa acción parecía que la había paralizado, en el fondo sabía que le había encantado.
De repente le miré directamente a los ojos y como una auténtica loba en celo le dije, ‘No dices nada, ¿hay algo que no te guste de mi?’. El con voz balbuceante me dijo ‘que va, eres una mujer preciosa, pero eres la novia de mi hermano’. Me reí bastante y le dije ‘bueno ya que vamos a ser familia, sería ideal que nos conociéramos un poco más, ¿no crees?’
Dirigí mi mirada directamente a su paquete y vi que estaba poniéndose bien duro, ‘Tu soldadito está bastante inquieto, ¿me dejas mirarlo?’. Mi cuñado se quedó inmovilizado, así que me acerque a él, y le desabroche el pantalón. Se quedaba solo en slips y su paquete era descomunal, así que empecé a tocárselo.’Que guarra eres, me encanta lo que estás haciendo’ me dijo mi cuñado.
Mi cuñado a medida que lo iba masturbando, empezó a besar mi cuello mientras cogía fuertemente mis pechos. Seguí masturbándole y en un momento dado, me puse de pié y le ofrecí mi coño bien húmedo para saciar su sed. Él como buen perrito lamedor lo empezó a chupar de una forma increíble. ¡Qué bien lo hacía el muy puñetero! No quería que parara, me estaba volviendo totalmente loca.
En seguida llegué al orgasmo, por lo que había que premiar a tan esmerado chico, así que me dispuse a comerle el miembro hasta el fondo, arriba, abajo y hasta dentro. Se corrió enseguida, menudo tronco tan tieso tenía..Y me comí todo su jugo saladito, ¡fue algo extraordinario! Mi cuñado estaba totalmente entregado a mi pies.
Los dos estamos bastantes excitados, por lo que me puso a cuatro patas para darme unas buenas acometidas. Esa cosa tan descomunal me estaba haciendo ser más guarra que nunca. Su pene entraba y salía totalmente de mi vagina. La sensación era mágica y no tardamos en volver a corrernos casi al mismo instante.
Todavía teníamos más fuerza para continuar, así que mi cuñado decidió jugar con mi trasero, menudos besos me daba en mi ojete…Unos besos negros increíbles, que lubricaba perfectamente esa zona. Cuando menos me lo esperaba, mi cuñado me penetró y si bien al principio me incomodaba un poco, el muchacho lo hizo tan bien que mi trasero fue totalmente sometido. Me estaba volviendo loca.
Esta fue mi primera experiencia con mi cuñado, seguimos teniendo encuentros esporádicos y siempre tienen un componente desenfrenado y muy divertido. La familia es algo que hay que conservar y cuidar…

sábado, 14 de mayo de 2016

Lo que quiere una mujer después de un largo día de trabajo


Son más de las nueve de la noche y he tenido que rascar una frondosa capa de hielo de la luna delantera del coche, de la trasera y de las ventanillas. Virutas de hielo se han colado bajo mis guantes entumeciéndome los dedos, el helado viento se ha colado por las minúsculas rendijas de mi abrigo y me ha congelado el cuerpo y antes de entrar en el coche, he pisado varios charcos y me tengo calados los pies desde la punta de mis dedos hasta los tobillos. Los calcetines los tengo empapados y las botas de piel, ¡valga me dios! ¡¿Por qué me puse las de piel?!, han cambiado de color por culpa del agua y ya no son marrones clarito, sino oscuro.
He llevado la calefacción a tope durante la más de media hora de trayecto que tengo hasta a casa pero lo único que he conseguido con ello es pegarme aún más la ropa al cuerpo. Eso sí, mi rostro está rojo de calor, pero mi interior está tan congelado como ese tan esperado primer helado de verano. Mi chico y yo tenemos esa… Tontería digamos. Llegamos casados dos años pero desde los seis de noviazgo, el primer día de verano quedábamos para estrenar la temporada con un paseo y un helado.
Siempre vamos a la misma tienda del barrio, cada uno pide el que más le gusta, nos sonreímos como cuando nos vimos por primera vez antes de empezar a salir y después, de la mano, nos vamos a dar un paseo y a comérnoslo. Es tan… ¡Es tan ñoño! ¡Tan romántico! Me encanta y no hay verano que no lo hagamosFreno el coche en el último y odioso semáforo que hay antes de girar para entrar en mi calle. ¡Puñetero! ¡Siempre me pilla en rojo!
No hay nada más frustrante que tener prisa y que los elementos se interpongan en mi camino. Por suerte, estoy tan impaciente por llegar a casa para quitarme este frío del cuerpo como para recibir los cariñitos de mi marido. Le he escrito antes de salir del trabajo y lo único que le he puesto ha sido:
~ Estoy agotada.
Él me ha contestado con una emoti-sonrisa. Así de sencillas son nuestras conversaciones porque nos conocemos tan bien el uno del otro, tenemos tanta confianza, nos hemos comunicado tan bien, que con el paso de los años ya sabemos lo que el otro necesita incluso antes de que lo pida. Por fin aparco el coche en el garaje, salgo y me dirijo hacia el ascensor. Lo espero con impaciencia y subo hasta mi casa, nuestra casa.
Al llegar, meto la llave, abro la puerta y antes de que se abra por completo, escucho que mi marido me dice desde el interior que me detenga. Esbozo media sonrisa y miro con curiosidad al interior. Veo que todo está oscuro y que sólo hay suaves destellos amarillentos que ondean por el aire.~ ¡Ya puedes entrar!
Y lo hago escuchando como la humedad de mis botas resuena en el parqué de mi casa. Llego al salón y veo un romántico caminito de velas que me quiere dirigir hacia el pasillo que lleva a las habitaciones y al baño.
Obviamente la casa lleva con la calefacción encendida desde que él llegó y hace calor, pero no es ese el calor que yo siento. Hay algo que me calienta y tampoco hablo de calentarme sexualmente hablando, sino de otra sensación única. Esa sensación de felicidad que te reconforta, que hace que te olvides de todo lo negativo del día en un instante… ¡Sabes a lo que me refiero!, ¿verdad? Ahora mismo me siento tan a gusto de llegar a casa que no puedo hacer otra cosa que esbozar la más grande y más tonta de mis sonrisas.
Continuo avanzado siguiendo el reguero de velitas que hay en el suelo y entro en el baño. Cruzo la puerta y allí está él, metido en la bañera, asegurándose de que el agua esté perfecta para cuando llegue. Tiene la nuca recostada en el borde y los ojos cerrados. No los abre incluso cuando sabe que yo estoy aquí. Sabe que no es momento de una mirada salvaje o lasciva, sabe que lo que necesito es relajación, cariño y ternura. ¡Lo mejor para un largo día de invierno!


Lentamente me voy quitando toda la ropa, la dejo caer des preocupadamente. Mi marido sigue sin mirarme y eso me reconforta. Si me mirara, pondría esos ojitos de lobo que pone cuando me quiere follar sin parar, pero eso no es lo que necesito ahora mismo. Cuando estoy desnuda me acerco a la bañera y me meto con él.
El calor sube desde mis tobillos y se extiende por todo mi cuerpo como un virus, conquistando cada una de mis células. Me siento apoyando mi espalda contra su pecho y me retiro el pelo hacia un lado para notar su respiración por mi cuello. Y en ese momento, justo en ese momento, cierro los ojos y me relajo como una reina: sin preocupaciones, sin miedos, apagando mi mente para sumergirme en la mar más cálida que hay. Mi marido me rodea con los brazos y yo recuesto mi cabeza en su hombro. Cierro los ojos y me relajo felizmente.
Hmmmm… Momificada en esa posición suelto un suave murmuro de placer. Me he quedado dormida en el agua y lentamente me voy despertando. Veo como el agua de la bañera está en movimiento en vez de estar en calma.
 Aahh.

Mi abdomen tiene la piel de escarpia y me doy cuenta de que mis manos están apoyadas sobre él. Mi marido las ha llevado allí mientras estaba dormidita y las sujeta a ambas con una mano. Las mantiene agarradas por las muñecas, las dos a la vez. Sin saber porqué intento soltarme pero las tiene bien aferradas, segundos después vuelvo a gemir de placer.
~ ¡Aaahhh!
Poco a poco me voy dando cuenta de lo que está sucediendo realmente. Esas ondulaciones de la superficie están siendo provocadas por una corriente de agua generada en el fondo. Esa corriente acaricia mis muslos, sube hasta mi estómago y tiene desatada su furia en un remolino de sensaciones que se lanzan contra mi clítoris.
~ ¡Aahh! ¡Aahh!
Grito de placer despreocupadamente, mi cuerpo se tensa y mi cadera se levanta del fondo de la bañera. Entre un pestañeo y otro, veo que hay algo que se adentra en la bañera. Allí donde está el grifo, el cable que sujeta la alcachofa de la ducha se sumerge y se acerca hasta a mí.
Cuando me doy cuenta por completo de que mi marido me está masturbando, ayudándose de la ducha, ya es tarde. Ya estoy muy excitada, mis pezones están duros y, aunque mis párpados apenas tienen tiempo para levantarse, mi garganta sí que lo tiene para emitir jadeos cada vez más y más rápidoLos labios de mi marido se ciñen a mi cuello con la misma pasión que le pone un quinceañero para hacer su primer chupetón… ¡Sólo que mi chico sí que sabe hacerlo!
~ ¡Aahh! ¡Aahh!
Magníficas emociones recorren mi interior, siento el agua besándome mis labios mayores, acariciando la entrada de mi vagina, dando la presión perfecta sobre esa bolita que tenemos todas las mujeres y que hace que, al presionarla, nos retorcemos de placer.
~ ¡Aahh! ¡Aahh!
¡Dios que rico! ¡Quiero más! La lujuria me lleva a soltar mis manos del grillete que las mantenía bajo prisión. Agarro sus muslos bajo la tibia agua y clavo sus uñas con la misma fuerza con la que siento mi orgasmo llegar. ¡Me encanta!
~ ¡Sí! ¡Sí!
Me desato, mi cabeza gira de un lado a otro, me muerdo el labio, mi cadera se eleva de nuevo y el agua que me rodea empieza a chapotear por culpa de mis movimientos. ¡Me corro, ya llega!
~ ¡¡AAAHHH!!